¡FICHADO!

Igual que un preso con la condicional, esta semana tuve que pasar por el INEM para fichar como un parado bueno y sumiso. Y aparte de que fue algo rápido e indoloro (cosa que me sorprendió porque cuando vas a hacer algo burocrático todo es lento y doloroso) me pareció  de lo más anacrónico, innecesario y humillante. Me explico. Quizá hace unos años, el pasar por el ritual de ir a fichar cada tres mesecillos era una forma de intentar “luchar” contra esos listillos que mientras cobraban el paro, curraban de tapadillo. Pero hoy en día, cuando puedes sellar el paro desde internet o desde cualquier teléfono, estés currando en B, estés en un jacuzzi, o estés tirándote a la bartola, ¿qué sentido tiene ir a que te pongan el sellito? No, en serio, ¿qué sentido tiene? ¿Confirmarme que sigo sin trabajo? Confirmado. ¿Recordarme que no encuentro curro? Recordado. En fin, aquí os paso las dos mejores maneras de no tener que ir a verle el careto a esos señores tan amables del INEM.

 

Para renovar la demanda de empleo por teléfono:

Llama ese mismo día al 012 ó si eres de Madrid y estás fuera, al 915804260

 

Para hacerlo a través de la web:

Entra en www.madrid.org

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Y por fin, dentro del catálogo de servicios al ciudadano: Renovación de demanda

 

 

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PAPÁ, ¿POR QUÉ TE QUEDAS EN CASA POR LAS MAÑANAS?

No se lo pude decir. Que estoy en el paro, quiero decir. Era algo superior a mí. Sin embargo el tiempo pasa. Ya son 3 meses. Y el chaval (que es más listo que un directivo de Bankia) se fija en todo y claro, piensa, mi padre siempre se ha ido a trabajar antes que ninguno y llegaba por la noche (los días que lo vía). Y ahora… siempre en casa. ¿Po qué? ¿Po qué?

Y yo no tengo respuesta. Bueno, sí que la tengo, pero es una respuesta que me arranca las tripas y me las cuelga en la puerta para que no deje de verlas. “Estoy en el paro, hijo”. “Me echaron del trabajo, campeón”. “Soy desastre, chavalote”. Sí, sí, ya lo sé. No soy un desastre. Pero cuando uno habla con su hijo se da cuenta que éste lo tiene a uno idealizado. Su padre es el más fuerte, el más alto y el que más inglés del mundo sabe. Decirle que no tengo curro es como defraudarle. Como reconocer que no soy perfecto a sus ojos.

Sin embargo la excusas de que estoy de vacaciones y de que ahora tengo más días libres ya no cuela. Así que tendré que contarle la verdad. En el fondo se merece que se lo cuente. Me jode sobre manera que esta mierda de época que nos toca vivir me haga no ser sincero con el ratón.

La próxima vez que me pregunte se lo intentaré decir de la manera (menos humillante para mí) que pueda. Estoy releyendo esto último y me da rabia pensar así pero no puedo evitarlo. Hoy me he levantado con la alegría al  ralentí.

 

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PINCHOS Y PUBLICIDAD, EMPEZAR ES NO PARAR

Hoy hablaremos de publicidad. Para ser más exactos, de la publicidad de la publicidad. ¿Te has perdido? Normal. Así es el mundo de los publicitarios. Te lo voy a explicar. Este fin de semana pasado se celebró en Bilbao el vigésimo nosecuántos Festival de publicidad iberoamericano El Sol. Algo así como una orgía de egos donde los que consiguen el orgasmo no le dan la menor importancia y los que se quedan a medias se llenan la boca de obscenidades sobre lo mal repartido que está el sector y lo injusto de los festivales.

Volviendo al principio… habíamos dicho que íbamos a hablar sobre la publicidad de la publicidad. Y es que de un tiempo a esta parte, ya no es suficiente con que un publicitario se curre un concepto (una idea) la plasme en una ejecución lo suficientemente bonita (notoria) como para llamar la atención de su público y haga que su cliente sea aún más feliz (rico) de lo que ya lo era. No. Ahora además, si uno quiere que el resto de publicitarios la juzguen como una idea excelente, tiene que venderles la idea. Vamos, que hay que volver a hacer publicidad de ella. Lo que se viene llamando en este mundillo: el caso.

Aquí es cuando el publicista se remanga la camisa, se desabrocha el nudo de la corbata (en un mundo imaginario) y da rienda suelta a su imaginación. Porque eso es lo que es un caso. Una idea adornada de mucha, mucha imaginación: Se nos ocurrió forrar mil sofás con tela que daba gustirrinín, eso hizo que el 287% de la gente que se sentaba en ellos, no quisiera levantarse, los fan de facebook de la marca se vieron incrementados en un 78% y su ratio de sensibilidad económica creció como no lo hacía desde los años veinte. Eso sí, todos estos datos van entrando en pantalla a través de iconos tipo Pocoyo o como si fueran los títulos de crédito de una película de vampiros y acompañados de la última canción cañera de turno. En realidad lo que hicieron fue forrar el stock de sofás que tenían en un almacén con telas de colores y exponerlos un fin de semana en un local del centro, pero cuando ves “el caso” te crees que todo ha ocurrido en la quinta avenida.

Casos como estos van desfilando uno detrás de otro en esa orgía de egos de la que os hablaba antes, mientras los premios van cayendo uno tras otro, oh, qué casualidad, (salvo alguna agradable excepción) a los mismos de siempre.

En sí, eso es el festival de publicidad. Aunque a eso hay que añadirle tres días en una ciudad que yo recordaba bastante gris y triste y que ahora se ha convertido en un rinconcito del mundo al que da gusto ir: Bilbao. Mucho euskera, mucho (y buenísimo) pincho, mucha buena gente, mucha cultura, mucho diseño, mucho tranvía, mucho Atletic, mucho zurito y como no, mucho sol. Os dejo con el gran premio para que hagáis como hemos hecho todo, opinéis.

 

 

 

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QUÉ FÁCIL ES CAER EN LA TENTACIÓN

Puedes hacerlo el tiempo que quieras. No deja huellas. Y para colmo, es gratis. La mayor tentación del parado es, no hacer nada de nada, y es muy difícil no caer en ella. No estamos hablando del pobre parado que lleva dos años al sol y ve cómo se le agota el subsidio. No. Estamos hablando del parado primerizo (con su “L” de parado a la espalda). De ese parado que no tiene la urgencia de las facturas persiguiéndole por los pasillos y al que todo el mundo le dice que disfrute unos días, que se lo ha ganado.

Sobre todo, es fácil caer en la tentación porque no tienes más obligación que la que tú mismo te impongas. Y porque, digámoslo todo, hay tantas cosas que hacer (la casa, papeles, hacienda, bancos…) que cuando lo tienes todo semicontrolado piensas, ¿y ahora me voy a poner yo a hacer otra cosa que no sea no hacer nada? Sí, ya, claro. Ya sea tumbado a la bartola, leyendo un libro, desengrasando los mandos de la consola o viendo la caja tonta… la tentación tiene tantas variantes como imaginación tengamos nosotros. Y es tan seductora.

Mientras escribo esto pienso que a lo mejor la culpa es de la conciencia. Los jodidos remordimientos no nos dejan en paz! Qué palabra más guapa para un monstruo de pesadilla de Lovecraft ¡¡Cuidado que llegan los remordimientos!! Si te agarran, te muerden en el alma y remuerden y remuerden hasta que no dejas de gritar… Como decía, quizá todo esta movida que se me ha venido encima esta mañana sea por esa sensación de que si no estoy haciendo algo es que estoy malgastando el tiempo. Y ojo, rascarse la espalda durante un rato sin ninguna otra pretensión tampoco está mal. Lo que yo digo es que hay que intentar que esos momentos duren lo menos posible. Hay que ser fuerte y ponerse a currar. Cuando digo currar digo ponerse a buscar trabajo, leer el periódico, repasar internet de arriba abajo, ojear los mail… vamos, ponerse las pilas.

Vamos gente, caer en la tentación no es malo. Lo malo es no levantarse.

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¿ESTÁS EN PARO? ENTONCES TIENES MUCHO TIEMPO LIBRE

Una de las grandes cadenas que tiene que arrastrar el parado afortunado que aún cobra su desempleo, es la de tener un montón de tiempo libre. Apretado por la tenaza de ese estigma, he estado enfrascado las últimas tres semanas en montar un pedazo de vídeo para que mi hijo de cuatro años lo pueda mostrar en su cole. La gente profana en la materia (mi chica) se cree que montar un vídeo es algo así como hacer un batido. Tú coges la fruta, la pelas, la metes en la batidora y le das a un botón. Ya está! Y además, con todo el tiempo que tú tienes te da para montar y desmontar como cuatro vídeos. Sí, claro, of course…

Solamente seleccionar el material me ha llevado una eternidad. Como ahora todo el mundo tiene su cámara de fotos y/o su mega móvil con mogollón de megapixeles, las fotos y los vídeos de tus hijos florecen como los caracoles después de llover. Total, que como no tienes muy claro cómo hacer el vídeo, pues “recopilas” todo lo que huela a buen material para el vídeo.

Cuando lo tienes todo preparadito y ordenadito por carpetas, llega el momento de montar (como si fueras un fallero) y hay que elegir con qué hacerlo. Yo elegí el Premier. Es un programa bastante potente que te acepta gran variedad de formatos de vídeo (justo lo que necesitaba). Lo malo del asunto es que yo no tenía ni papa del premier. Menos mal que mi hermano (un santo) es una máquina de estas cosas y me ha dado un cursillo acelerado e intensivo.

Total, que al final me ha quedado una cosa bastante aceptable, pero me he quedado con esa sensación de que, como estoy en el paro, tengo que tener tiempo para todo. Pues no. Estar en el paro da mucho trabajo. Ojo, que te puedes tirar todo el día tirado a la bartola. Pero a poco que tengas un poco de disciplina, tienes todo el día ocupado.

Primero, yo aconsejo apuntarse a algo físico. Piscina, gimnasio, fútbol, lo que sea, pero hacer deporte. Estar en el paro es el caldo de cultivo ideal para que la barriga crezca y las caderas se ensanchen sin orden ni concierto.

Segundo, oblígate a hacer algo. Escribir en un blog, pintar en una libretita, hacer fotos, montar puzles, lo que sea, pero ten una pequeña disciplina. Si no haces esto, puedes caer en las redes de internet (o lo que es peor, la playstation) y caer en un pozo sin fondo.

Tercero, ten ordenada la casa. Si vives solo es un deber ineludible. Si vives en pareja (y encima tienes nanos) es una obligación cinco estrellas.

Cuarto, aunque debería ser primero, busca curro. Y para mí buscar curro no es salir a la calle y coger el periódico a leer las ofertas de empleo. También es actualizar tu cv, estar en contacto con gente de tu gremio, ver en internet y leer en los periódicos lo que se cuece, quedar con amigos de la profesión, hacer cosas nuevas, leer, escribir…

¿Estás en el paro? Bueno, míralo por el lado bueno, ahora tendrás un montón de tiempo libre. Si claro. ¿Tienes dos manos? Entonces sabrás tocar la guitarra. ¿Eres de Madrid? Entonces conocerás a Fulanito.

Suposiciones: la ciencia ficción de la gente normal y corriente.

 

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AMIGO JUAN CARLOS, TE HEMOS CAZAO!

Qué bonito es ser Rey cuando las vacas son gordas, verdad Juanca? Uno se va de regatas en verano o a Baqueira cuando aprieta el frío, porque los reyes también tienen derecho a descansar de vez en cuando. Los monólogos que haces en Navidad te salen súper entrañables y a la gente le caes tan guay que no importa que nos quites unos cuantos milloncitos de euros al año, porque joder, eres tan campechano!!!

Además, haces una labor increíble haciendo… esto… sí hombre, esto que haces que se te da tan bien y que es tan importante… ¿Cómo era? Eso, eso, llevar la marca España a todos los rincones del mundo. Brillante. Qué buena profesión.

¿Que alguien no deja hablar a nuestro presi de turno? Ahí está Juanca para saltarse el protocolo y mandar callar a quién haga falta. ¿Que un dictador viene a España unos días? No pasa nada, que Juanca lo recibe como se merece y le da un tour por la ciudad. ¿Y qué más, qué más? Ah, sí! Se me olvidaba, claro, ¿Que un tipejo bajito, desalmado y despreciable quiere sumirnos en otra dictadura? No problema. Súper Juanca sale al rescate y se queda una noche sin dormir haciendo llamadas a diestro y siniestro para solucionarlo. Ey, y que esto no va con rintintín, que lo hiciste muy bien.

Pero claro, la cosa está en que la vida sigue y sigue y mira tú, que la vaca cada vez está más flaca. Y resulta que el marido de una de tus hijas es un cocainómano adicto y confeso al que tienes que sacar a patadas porque esas cosas no molan. Anda, ¿quién te iba a decir a ti que ése era el yerno bueno? Porque un tipo (millonario por otra parte) que se meta camomila por la nariz día sí o día también, pues oye, se castiga a sí mismo y al resto del mundo ni fu ni fa. Pero de repente llega el otro yerno, el guapo, el alto, el deportista… coño, sí parecía un Beckamp! Y empieza a estafar como si fuera un torneo y quisiera la medalla de oro, pues eso ya mola mucho menos. Así, sin prisa pero sin pausa, tu yerno de los ojos azules se pasa por el forro eso de la ética y las buenas formas empresariales para ganar más y más y más pasta. El pobre. Es que quería una casa para su familia y tú no se la comprabas. Ay, cómo sufriste ahí Juanca. Y la gente lo notó, cuidao! Que saliste en tu último monólogo navideño diciendo que los que están en lo alto tienen que dar ejemplo. Y vaya si lo diste!!! Te pusiste muy, muy serio y le dijiste a todos tus hijos, “…por favor chicos, lo que hagáis, que no salga a la luz…”.

Pero claro, luego llega tu nieto y en medio de una partida de pictionary, saca la escopeta de papá (al que se le olvidó dejar sin esas cosas llamadas balas) y boom, le pega un tiro a todo tu carisma, tu campechanismo, tu serenidad y tus dotes de mando. Y claro, se te va la pinza. ¿Y qué haces? Pues largarte cagando leches a gastar todos los euricos que te damos para que nos representes por el mundo. Nosotros aquí con nuestro paro, nuestras hipotecas y nuestros agobios mensuales, y cuando estamos chungos nos vamos al bar, pero tú… ¿Qué va a hacer un alto cargo honorífico de WWF Adena cuando lo pasa mal? Pues irse a cazar elefantes. ¿¡Elefantes!? Pero se puede ser más rastrero. ¿Pero qué dificultad tiene cazar a esas montañas andantes? Coño, caza algo que se mueva. No sé, pégale un tiro a tu jefe de relaciones públicas. O prueba a meterte ese dedo del gatillo en la nariz y empieza a escarbar hasta que notes aire.

Pero no pasa nada Juanca porque has salido en la tele y has dicho “…bla bla bla perdón bla bla bla bla soy tonto bla bla bla no volverá a ocurrir.” Y todos los periodistas y todas las televisiones y todas las corporaciones internacionales han alabado tu humildad y tu compromiso con el mundo. No pasa nada porque has dicho que “no volverá a ocurrir”. ¿Pero no volverá a ocurrir el qué? ¿Que tu familia robe? ¿Que gastes dinero público para tus caprichos? ¿Que tus nietos de trece años sigan llevando armas cargadas por la casa? ¿Que caces elefantes? Ah, noooo… lo que no va a volver a ocurrir es que nos enteremos de todo esto. Juanca, te hemos cazao.

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UN COCHE ES COMO UN AMIGO

Renault 19 GTS 1.6 Inyección. Este fue mi primer coche. A partir de aquí has de saber que hay dos tipos de personas en el mundo, las que quieren a su coche y las que utilizan un elemento de transporte que contamina mucho para moverse de aquí para allá. Hoy no hablaré de estos últimos, hoy toca hablar de los primeros. Los que quieren a su coche.

Yo no sabía que era de esos hasta que me vine a Madrid. Durante mi primer año en la capi, prácticamente éramos uña y carne, junta y culata, embrague y acelerador. Era mi forma de moverme por aquí y mi modo de bajarme a Alicante sin tener que hacer reserva. Él siempre estaba ahí.

Recuerdo ir con la ventanilla bajada, mi Kenwood escupiendo AC/DC por los JBL, y una sensación de libertad difícil de explicar. No tenía dirección asistida, ni falta que le hacía. Ahí estaba yo. Tenía aire acondicionado pero cuando iba muy cargado y venía una cuesta tenía que desconectarlo para no perder fuelle. Tenía sus cositas. Como todos. También tenía 5 puertas que lo hacían más familiar y un pequeño alerón para compensar.

Empecé a llevarlo cuando iba a la universidad. Éramos bastante inseparables. En el maletero siempre llevaba una mochila con ropa de repuesto por si decidía llevarme a algún sitio sin haberlo planeado. Era un coche muy listo. Con él aprendí muchas cosas, como por ejemplo dónde se esconden las ruedas de repuesto cuando las necesitas. También aprendí que correr sólo sirve para llegar antes, no para llegar bien.

Era una máquina. Incluso cuando se empezó a hacer mayor. Lo suyo fue el sistema de refrigeración. Desde un año en el que me subió a Madrid en tres horas y media y seguido nos fuimos al Valle de Aran, que nunca fue el mismo. Aquella vez los manguitos no aguantaron la presión y eso lo arrastró hasta el final.

Cuando llegó el día en el que mi cuñado (mecánico de coches, trenes y aviones) me dijo que hasta aquí había llegado, me quedé atontado. Recuerdo que con la idea de buscar coche nuevo, esa sensación se suavizó un poco. Pero el día que tuve que llevarlo al concesionario y dejarlo allí, una lágrima se me escurrió por la mejilla. Como cuando llovía y alguna gota caía por su ventanilla. Igual. Fue como perder a un amigo.

¿Y por qué suelta todo este rollo melodramático este tío aquí? Pues porque con esto de estar en el paro, ahora estoy disfrutando de ese coche que me compré para suplir al 19. Es un Clio 1.4 Mis hijos lo llaman “La patatita”. Cuando me lo compré lo usé un par de meses y enseguida me puse a trabajar en el centro y ya no lo usaba más pero ahora… ahora vuelvo a disfrutar de llevar la ventanilla bajada y la música a todo trapo.

No es como el 19 pero yo tampoco soy igual. Entre otras cosas ahora soy más viejo. Aunque sigo escuchando la misma música… en fin, cosas de estar parado.

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LA INCONGRUENCIA: ESTAR EN PARO E IRSE DE VACACIONES

Es una sensación rara. Es como ponerte una camisa que no es tuya. Puede que mole pero sabes que no te pertenece. Estas de prestado. Te has metido en el club de campo pero no eres socio, has entrado porque hoy es el día de puertas abiertas. Mas o menos así es como me siento yéndome de vacaciones, aunque yo prefiero llamarlo “periodo de diversión y esparcimiento autorizado”. Me parece menos erróneo.

La gente que trabaja se gana irse de vacaciones pero y nosotros? Nosotros los parados nos colamos en la fiesta sin que nadie nos invite. Algo que, por cierto, tiene su punto. No tienes que hacer encajes de bolillos con tu pareja para que los días coincidan. Ni pedir favores a compañeros. Puedes elegir el día que quieras para largarte. Que hay retenciones en la A3? Pues sales al día siguiente. Que la gente se pilla los cuatro días de rigor? Pues tú cuatro más. Es cierto, eso da buen rollo. Pero no disfrutas los días al cien por cien. Siempre tienes ese comecome de “…no estas buscando trabaaaaaaajo…” rondando por la cabeza. Jodida conciencia.

Yo llevo dos días así y he decidido por unanimidad tomar una firme decisión. Empezar a disfrutar. Si! Por que no? Que le den a la conciencia. Me han invitado a una fiesta por error? Pues me voy a poner hasta arriba. Me han prestado un Porsche por error? Pues lo voy a poner a doscientos. De hecho, este es uno de los mejores consejos que me he dado en mucho tiempo. Y os lo presto a todos para que hagáis con él lo que queráis.

Felices vacatas!

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LA MOVIDA DE LOS FREELANCE (1º parte)

Desde que empecé a trabajar en publicidad siempre he mirado a esos tipos que se dedicaban a hacer freelance con un respeto mezcla de alucine y envidia de caballo. Respeto porque no sólo tenían que enfrentarse a cosas de otro planeta como “el paaagooo de autóooonomos”, sino porque ellos mismos (con su mágica y secreta red de contactos) eran los que se tenían que buscar la vida cada mes. Aquello me sobrepasaba. ¿Cómo lo hacían? ¿Qué botones tocaban? ¿Dónde estaba esa clavija que yo no veía? Allí estaban, con su MacProMegaGuay debajo del brazo, sus aires de distraídos, sus ropitas en plan “me he puesto lo primero que he pillado” y su sonrisa de seguridad a prueba de contratiempos, solvencia no demostrada pero evidente y cartera llena. Porque claro, una vez sus tentáculos sociales se abrían e inundaban el mercado (de la publi) se podían permitir el lujo de estar en casa como cualquier hijo de marqués y currar delante de su ordenata un par de horitas cada cuatro días y sacar unas tajadas que ríete tú de un arquitecto. Pero claro, todo eso es lo que yo me imaginaba cuando estaba en el lado Noautónomo. Cuando sigues al conejo y te metes dentro de la madriguera, la cosa es bien distinta. Yo todavía ni he entrado en ese mundillo y la verdad, no sé si me dejarán, pero en estos días que llevo de parado me he acercado a la puerta, la he abierto, me han dejado mirar… y esto es lo único que he visto: EL PRESUPUESTO

Os cuento. Una de esas agencias de publicidad clásicas de la capi estaba buscando a un equipo creativo (redactor + director de arte) para hacer dos curros de marketing directo. El trabajo estaba ya pensado de base y lo “único” que había que hacer era HACERLO. Y no os creáis que pedían un book, una carpeta o unas míseras credenciales. No, no, no, pedían un presupuesto. ¡El trabajo al mejor postor! ¿Que luego venían dos gañanes? No pasa nada. Lo que importa es que son los que menos cobran.

Total, que mi compi y yo nos pusimos a ver cuánto pedíamos y nos volvimos locos. Al final tomamos como referencia las tarifas que colgó en su día Miguel Vagalume. Hace ya ni se sabe. Eran de hace tanto tiempo que pensamos que así acertábamos seguro. No queríamos pasarnos al pedir mucha pasta y que pensaran que íbamos de sobrados pero tampoco queríamos poner un “100 menos que el que menos pague”, porque nos queríamos hacer respetar. Mandamos ese primer presu y un colega nuestro que trabaja allí nos dijo, “un equipo ha mandado un presupuesto por menos de la tercera parte que el vuestro y vienen aquí a currar dos días”. “Jooooder y seguro que también se llevan el cristasol y luego limpian las ventanas” pensé yo. Así que volvimos a hacer otro aún más ajustado. Eso sí, aún un poco por encima del de esos chavales. Que nosotros tenemos que hacernos valer!!!

Pues me parece a mí que a partir de ahora vamos a tener que hacernos valer por un poquito menos. Porque esto ocurrió la semana pasada y aún no han dado señales de vida. En fin, ya me estoy haciendo un agujero nuevo en el cinturón para ir apretándolo poco a poco.

 

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POESÍA SIN PRISA NO ES POESÍA

Aprovechando que, según la UNESCO, hoy es el día mundial de la poesía, voy a compartir con vosotros una teoría que siempre he tenido acariciándome la cabeza, cortejándome la mollera como una jovencita risueña: la poesía se tiene que escribir sin pensar. Si se piensa, deja de ser poesía. Si se piensa, se convierte en… narrativa bien sonante. ¿Crees que la poesía surge de la cabeza de un genio? Iluso. La poesía surge de la boca del estómago de un loco. La poesía se vomita. No se cocina. Se da a luz de forma violenta y brutal. Sale de corrido, de un tirón, a lo bestia, como si de un sprint gramatical se tratase. Sin pausas mentales. Sin volver hacia atrás para corregir. Sin zambullirse en diccionarios de sinónimos. Sin dejarla reposar… La poesía sólo debe ser pausada cuando se lee, no cuando se crea. La poesía debería ser un impulso verbal incontrolable. Una proeza de la lengua, que luchando contra la anarquía de la pasión y el sinsentido de los sentimientos, logra poner orden y concierto en ese maremágnum de nombres, subjuntivos, verbos, adverbios y demás burocracias lingüísticas. La poesía debería ser el grito de la menta de un iluso que no sabe cómo expresar sus miedos, sus esperanzas, sus amores, sus temores, sus dichas y desdichas. Por eso resulta tan increíble la poesía. Porque hace posible lo imposible. Porque logra poner coherencia a una metralleta mental. Porque consigue formar una pieza musical donde sólo había caos. Por eso, aún cuando nunca hayas leído o escuchado una, cuando lo haces, tu cuerpo se detiene y no puedes evitar prestar atención. Te relajas. Engulles esas palabras con forma de notas musicales y no entiendes porqué pero te gusta. Cierras los ojos y sientes… sin prisas.

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