Archivos Mensuales: junio 2012

¡FICHADO!

Igual que un preso con la condicional, esta semana tuve que pasar por el INEM para fichar como un parado bueno y sumiso. Y aparte de que fue algo rápido e indoloro (cosa que me sorprendió porque cuando vas a hacer algo burocrático todo es lento y doloroso) me pareció  de lo más anacrónico, innecesario y humillante. Me explico. Quizá hace unos años, el pasar por el ritual de ir a fichar cada tres mesecillos era una forma de intentar “luchar” contra esos listillos que mientras cobraban el paro, curraban de tapadillo. Pero hoy en día, cuando puedes sellar el paro desde internet o desde cualquier teléfono, estés currando en B, estés en un jacuzzi, o estés tirándote a la bartola, ¿qué sentido tiene ir a que te pongan el sellito? No, en serio, ¿qué sentido tiene? ¿Confirmarme que sigo sin trabajo? Confirmado. ¿Recordarme que no encuentro curro? Recordado. En fin, aquí os paso las dos mejores maneras de no tener que ir a verle el careto a esos señores tan amables del INEM.

 

Para renovar la demanda de empleo por teléfono:

Llama ese mismo día al 012 ó si eres de Madrid y estás fuera, al 915804260

 

Para hacerlo a través de la web:

Entra en www.madrid.org

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Y por fin, dentro del catálogo de servicios al ciudadano: Renovación de demanda

 

 

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PAPÁ, ¿POR QUÉ TE QUEDAS EN CASA POR LAS MAÑANAS?

No se lo pude decir. Que estoy en el paro, quiero decir. Era algo superior a mí. Sin embargo el tiempo pasa. Ya son 3 meses. Y el chaval (que es más listo que un directivo de Bankia) se fija en todo y claro, piensa, mi padre siempre se ha ido a trabajar antes que ninguno y llegaba por la noche (los días que lo vía). Y ahora… siempre en casa. ¿Po qué? ¿Po qué?

Y yo no tengo respuesta. Bueno, sí que la tengo, pero es una respuesta que me arranca las tripas y me las cuelga en la puerta para que no deje de verlas. “Estoy en el paro, hijo”. “Me echaron del trabajo, campeón”. “Soy desastre, chavalote”. Sí, sí, ya lo sé. No soy un desastre. Pero cuando uno habla con su hijo se da cuenta que éste lo tiene a uno idealizado. Su padre es el más fuerte, el más alto y el que más inglés del mundo sabe. Decirle que no tengo curro es como defraudarle. Como reconocer que no soy perfecto a sus ojos.

Sin embargo la excusas de que estoy de vacaciones y de que ahora tengo más días libres ya no cuela. Así que tendré que contarle la verdad. En el fondo se merece que se lo cuente. Me jode sobre manera que esta mierda de época que nos toca vivir me haga no ser sincero con el ratón.

La próxima vez que me pregunte se lo intentaré decir de la manera (menos humillante para mí) que pueda. Estoy releyendo esto último y me da rabia pensar así pero no puedo evitarlo. Hoy me he levantado con la alegría al  ralentí.

 

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PINCHOS Y PUBLICIDAD, EMPEZAR ES NO PARAR

Hoy hablaremos de publicidad. Para ser más exactos, de la publicidad de la publicidad. ¿Te has perdido? Normal. Así es el mundo de los publicitarios. Te lo voy a explicar. Este fin de semana pasado se celebró en Bilbao el vigésimo nosecuántos Festival de publicidad iberoamericano El Sol. Algo así como una orgía de egos donde los que consiguen el orgasmo no le dan la menor importancia y los que se quedan a medias se llenan la boca de obscenidades sobre lo mal repartido que está el sector y lo injusto de los festivales.

Volviendo al principio… habíamos dicho que íbamos a hablar sobre la publicidad de la publicidad. Y es que de un tiempo a esta parte, ya no es suficiente con que un publicitario se curre un concepto (una idea) la plasme en una ejecución lo suficientemente bonita (notoria) como para llamar la atención de su público y haga que su cliente sea aún más feliz (rico) de lo que ya lo era. No. Ahora además, si uno quiere que el resto de publicitarios la juzguen como una idea excelente, tiene que venderles la idea. Vamos, que hay que volver a hacer publicidad de ella. Lo que se viene llamando en este mundillo: el caso.

Aquí es cuando el publicista se remanga la camisa, se desabrocha el nudo de la corbata (en un mundo imaginario) y da rienda suelta a su imaginación. Porque eso es lo que es un caso. Una idea adornada de mucha, mucha imaginación: Se nos ocurrió forrar mil sofás con tela que daba gustirrinín, eso hizo que el 287% de la gente que se sentaba en ellos, no quisiera levantarse, los fan de facebook de la marca se vieron incrementados en un 78% y su ratio de sensibilidad económica creció como no lo hacía desde los años veinte. Eso sí, todos estos datos van entrando en pantalla a través de iconos tipo Pocoyo o como si fueran los títulos de crédito de una película de vampiros y acompañados de la última canción cañera de turno. En realidad lo que hicieron fue forrar el stock de sofás que tenían en un almacén con telas de colores y exponerlos un fin de semana en un local del centro, pero cuando ves “el caso” te crees que todo ha ocurrido en la quinta avenida.

Casos como estos van desfilando uno detrás de otro en esa orgía de egos de la que os hablaba antes, mientras los premios van cayendo uno tras otro, oh, qué casualidad, (salvo alguna agradable excepción) a los mismos de siempre.

En sí, eso es el festival de publicidad. Aunque a eso hay que añadirle tres días en una ciudad que yo recordaba bastante gris y triste y que ahora se ha convertido en un rinconcito del mundo al que da gusto ir: Bilbao. Mucho euskera, mucho (y buenísimo) pincho, mucha buena gente, mucha cultura, mucho diseño, mucho tranvía, mucho Atletic, mucho zurito y como no, mucho sol. Os dejo con el gran premio para que hagáis como hemos hecho todo, opinéis.

 

 

 

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