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¡FICHADO!

Igual que un preso con la condicional, esta semana tuve que pasar por el INEM para fichar como un parado bueno y sumiso. Y aparte de que fue algo rápido e indoloro (cosa que me sorprendió porque cuando vas a hacer algo burocrático todo es lento y doloroso) me pareció  de lo más anacrónico, innecesario y humillante. Me explico. Quizá hace unos años, el pasar por el ritual de ir a fichar cada tres mesecillos era una forma de intentar “luchar” contra esos listillos que mientras cobraban el paro, curraban de tapadillo. Pero hoy en día, cuando puedes sellar el paro desde internet o desde cualquier teléfono, estés currando en B, estés en un jacuzzi, o estés tirándote a la bartola, ¿qué sentido tiene ir a que te pongan el sellito? No, en serio, ¿qué sentido tiene? ¿Confirmarme que sigo sin trabajo? Confirmado. ¿Recordarme que no encuentro curro? Recordado. En fin, aquí os paso las dos mejores maneras de no tener que ir a verle el careto a esos señores tan amables del INEM.

 

Para renovar la demanda de empleo por teléfono:

Llama ese mismo día al 012 ó si eres de Madrid y estás fuera, al 915804260

 

Para hacerlo a través de la web:

Entra en www.madrid.org

Temas / Empleo

Portal de Empleo

Oficina electrónica

Acceso a mi portal (hay que estar registrado)

Servicio de la Demanda de empleo

Acceso a los servicios de demanda de empleo

Y por fin, dentro del catálogo de servicios al ciudadano: Renovación de demanda

 

 

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PAPÁ, ¿POR QUÉ TE QUEDAS EN CASA POR LAS MAÑANAS?

No se lo pude decir. Que estoy en el paro, quiero decir. Era algo superior a mí. Sin embargo el tiempo pasa. Ya son 3 meses. Y el chaval (que es más listo que un directivo de Bankia) se fija en todo y claro, piensa, mi padre siempre se ha ido a trabajar antes que ninguno y llegaba por la noche (los días que lo vía). Y ahora… siempre en casa. ¿Po qué? ¿Po qué?

Y yo no tengo respuesta. Bueno, sí que la tengo, pero es una respuesta que me arranca las tripas y me las cuelga en la puerta para que no deje de verlas. “Estoy en el paro, hijo”. “Me echaron del trabajo, campeón”. “Soy desastre, chavalote”. Sí, sí, ya lo sé. No soy un desastre. Pero cuando uno habla con su hijo se da cuenta que éste lo tiene a uno idealizado. Su padre es el más fuerte, el más alto y el que más inglés del mundo sabe. Decirle que no tengo curro es como defraudarle. Como reconocer que no soy perfecto a sus ojos.

Sin embargo la excusas de que estoy de vacaciones y de que ahora tengo más días libres ya no cuela. Así que tendré que contarle la verdad. En el fondo se merece que se lo cuente. Me jode sobre manera que esta mierda de época que nos toca vivir me haga no ser sincero con el ratón.

La próxima vez que me pregunte se lo intentaré decir de la manera (menos humillante para mí) que pueda. Estoy releyendo esto último y me da rabia pensar así pero no puedo evitarlo. Hoy me he levantado con la alegría al  ralentí.

 

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QUÉ FÁCIL ES CAER EN LA TENTACIÓN

Puedes hacerlo el tiempo que quieras. No deja huellas. Y para colmo, es gratis. La mayor tentación del parado es, no hacer nada de nada, y es muy difícil no caer en ella. No estamos hablando del pobre parado que lleva dos años al sol y ve cómo se le agota el subsidio. No. Estamos hablando del parado primerizo (con su “L” de parado a la espalda). De ese parado que no tiene la urgencia de las facturas persiguiéndole por los pasillos y al que todo el mundo le dice que disfrute unos días, que se lo ha ganado.

Sobre todo, es fácil caer en la tentación porque no tienes más obligación que la que tú mismo te impongas. Y porque, digámoslo todo, hay tantas cosas que hacer (la casa, papeles, hacienda, bancos…) que cuando lo tienes todo semicontrolado piensas, ¿y ahora me voy a poner yo a hacer otra cosa que no sea no hacer nada? Sí, ya, claro. Ya sea tumbado a la bartola, leyendo un libro, desengrasando los mandos de la consola o viendo la caja tonta… la tentación tiene tantas variantes como imaginación tengamos nosotros. Y es tan seductora.

Mientras escribo esto pienso que a lo mejor la culpa es de la conciencia. Los jodidos remordimientos no nos dejan en paz! Qué palabra más guapa para un monstruo de pesadilla de Lovecraft ¡¡Cuidado que llegan los remordimientos!! Si te agarran, te muerden en el alma y remuerden y remuerden hasta que no dejas de gritar… Como decía, quizá todo esta movida que se me ha venido encima esta mañana sea por esa sensación de que si no estoy haciendo algo es que estoy malgastando el tiempo. Y ojo, rascarse la espalda durante un rato sin ninguna otra pretensión tampoco está mal. Lo que yo digo es que hay que intentar que esos momentos duren lo menos posible. Hay que ser fuerte y ponerse a currar. Cuando digo currar digo ponerse a buscar trabajo, leer el periódico, repasar internet de arriba abajo, ojear los mail… vamos, ponerse las pilas.

Vamos gente, caer en la tentación no es malo. Lo malo es no levantarse.

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¿CÓMO PEDIR EL PARO O POR LO MENOS INTENTARLO?

A continuación voy a hacer una descripción muy objetiva de qué hay que hacer para pedir el paro en este país. Yo lo acabo de aprender.

Primero tienes que “afiliarte”, por decirlo de alguna forma, y pedir el DOCUMENTO ACREDITATIVO DEL ALTA Y RENOVACIÓN DE DEMANDA DE EMPLEO. Osease, apuntarte al paro. La famosa Demanda de empleo que el parado tiene que renovar coda tres meses o sino vendrán unas babosas radiactivas (no, no hablo de ninguna ministra) y te comerán.

Esa renovación puedas hacerla llamando al 915804260, entrando en Madrid.org o yendo a la Oficina el mismo día. Y hablando de las Oficinas… ¿Habéis leído Momo? ¿O la película, la habéis visto? Bueno, pues las Oficinas de Empleo de la Comunidad de Madrid me recuerdan mucho a ese mundo. En él, unos seres grises, taciturnos, rancios y enormemente aburridos dirigían el cotarro. Había que tener mucho ojito con la forma en la que te dirigías a ellos porque igual la cagabas y eras nombrado persona  non grata, lo que significa que seguro, te faltaría algún documento o alguna fotocopia o alguna grapa o… vamos, igualito que en las Oficinas de Empleo.

Para pedir el paro, coges número y esperas. Las oficinas abren a las 9 pero yo sugiero que estés allí un cuarto de hora antes porque a las 9 aquello parece la salida de un colegio. Empieza a llegar gente de no sabes dónde y por supuesto, todos saben adónde tienen que ir. Con lo que puedes quedar sepultado por una avalancha de parados profesionales. (El parado profesional es una de esas entidades que merecen su propio post)

Bueno, como decía, coges número, esperas y esperas y, si has llegado pronto, en 15 minutos como mucho te toca. Cuando entras verás miles y miles de mesas con su correspondiente señor de gris frente a un ordenador (el cual tiene permanentemente prohibido usar para descargarse nada). O como en el caso de la Oficina de Majadahonda, verás unas 15 mesas, la mitad vacías. Allí tienes que mostrar tu DNI y no decir ni pío. “Ellos” lo saben todo.

Aquí he aprendido otra cosa. Esos señores, como cualquier perro molido a palos, están esperando a que los trates con un poco de cariño. En cuanto les hablas sin gruñirles y les acaricias un poco la espalda, oye, que también son personas. En serio. Conmigo hasta sonrío y todo. ¿Sabéis aquello de que se atrapan más moscas con miel que con mierda? Pues eso.

Al lío. Con ese documento que tienes que guardar como oro en paño, llamas por teléfono enseguida al 912722795 y pides cita para lo que de verdad estás gastando tantas energías: cobrar el paro. En ese teléfono no hablarás con ningún ser humano. Una máquina con muy poca sensibilidad te pedirá tu DNI y poco más y te dirá un número que tendrás que apuntar rápidamente. Te da la opción de repetirlo una vez más pero ojo, sólo una vez. Yo de ti haría la llamada sin salir de la Oficina y confirmaría con el tipo que esté allí en información que el número que te han dado es correcto. Porque yo entendí 141D y resulta que era 141B. Ya sabes, la típica confusión vocal de los robots.

Lo normal es que te den cita para el día siguiente, a una hora concreta, por ejemplo las 12:00. Esto quiere decir que si quieres, te puedes pasar por allí sobre las doce y media o una, porque lo normal es que no te toque hasta entonces. ¿Por qué? Pues porque, como ellos mismos me avisaron, la gente tarda en llegar y tienen que llamarlos más tarde. Algunos se “enrollan” más de lo habitual, algún empleado necesita un descansito… total, que si vas a tu hora llévate un libro.

Cuando por fin te atiendan ese día, otra vez no hará falta que digas ni pío. “Ellos” vuelven a saber qué es lo que quieres. En esta ocasión tendrás que llevar el DNI, el certificado de empresa (que es el papel que te dio la empresa cuando te echó del curro) y si tienes nanos, el libro de familia. Nada de fotocopias. Sólo el original. El tipo de la mesa coge todos los papeles, los mira y ya está. Ah, y un número de cuenta para que te ingresen la guita. Hablando de esto, a mí me correspondían 2 años de paro y no sé si ocurre igual en casos de menor tiempo pero el caso es que a los 6 meses de recibir la prestación, ésta disminuye un 10% hasta el final. ¿Por qué? No tengo ni idea pero esto es así por obra y gracia de “Zapatero & Rajoy”, la famosa empresa de chungos de este país.

Y eso es to, eso es to, eso es todo amigos. Espero que os haya servido de ayuda. Muy prontito escribiré otro clásico del parado “Demandar a tu ex empresa” así que ya sabéis. Estad atentos.

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